
Fundada en 1563 por Alonso de Avalos, Lagos de Moreno creció como punto estratégico entre Zacatecas y Guadalajara. Su centro histórico —con el Templo de la Merced, el Palacio Municipal y el Museo de la Ciudad— es uno de los mejor conservados del Bajío jalisciense. La leyenda del Callejón del Diablo —un pasaje donde, según los locales, aún se aparece el maligno— le pone el toque de misterio.
Naturaleza y festivales
La Presa de San José de las Piedras —rodeada de montañas— concentra la actividad al aire libre: pesca, navegación, senderismo. El Cerro Gordo ofrece una vista panorámica de la ciudad desde la cima. El Cañón de los Alacranes, a pocos kilómetros, protege flora y fauna en un paisaje semidesértico.
El Festival Cultural de Mayo llena la ciudad de conciertos, teatro y exposiciones. La gastronomía local —asado de boda, mole de olla, chilate, tacos de birria— completa la experiencia. 
En la práctica
El aeropuerto más cercano está en León, Guanajuato, a hora y media en auto. La mejor época es primavera y otoño. Dos o tres días alcanzan para ver lo esencial.
Lagos de Moreno es historia jalisciense pura: arquitectura colonial, buena mesa y paisajes que piden cámara. Para quien cruza el Bajío, merece la parada. 

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