En la laguna de Mexcaltitán, Nayarit, hay una isla de apenas un kilómetro cuadrado donde las calles se inundan en temporada de lluvias y los vecinos se mueven en lancha. Le dicen “la Venecia mexicana”, pero su verdadero apodo —y lo que la hace única— es “la Isla del Maíz”.
Según la tradición oral, de aquí —o de un lugar muy parecido— partieron los antiguos mexicanos desde Aztlán rumbo al Valle de México. La isla tiene forma de cruz si la ves desde el aire, y su trazado urbano, con calles concéntricas, es un raro ejemplo de urbanismo prehispánico adaptado a un entorno lacustre. 
Historia: entre el mito y la pesca
El vínculo con Aztlán no es solo leyenda: arqueólogos han encontrado en los alrededores vestigios que coinciden con la descripción que los mexicas hacían de su lugar de origen. Durante la Colonia, la isla se convirtió en un puerto comercial del maíz, y durante siglos fue punto estratégico para el comercio entre la costa y el altiplano. Hoy, sus aproximadamente 800 habitantes viven mayoritariamente de la pesca del camarón y de un turismo que crece lento, sin estridencias.
Cómo llegar y clima
El acceso es parte de la experiencia. Desde Tepic —capital de Nayarit— tomas un autobús a Santiago Ixcuintla (30 minutos) y de ahí una lancha que en 45 minutos te deja en el muelle de la isla. El clima es subtropical: cálido todo el año, con lluvias de junio a septiembre. Si vas en temporada de lluvias, las calles se convierten en canales —literalmente— y la lancha se vuelve el único medio de transporte. 
Qué hacer y qué comer
La iglesia del siglo XVIII, en el centro de la isla, es el punto de referencia. El mercado local —diminuto pero auténtico— vende camarón fresco y artesanías de palma. Los paseos en lancha por los canales de los manglares son la actividad reina: garzas, cocodrilos y una calma que ningún resort puede replicar.
La gastronomía isleña gira alrededor del camarón. Los tacos de camarón —con tortilla de maíz recién hecha—, el ceviche y los camarones al coco son la oferta estándar, pero el caldo de mariscos —con pescado, camarón y jaiba— merece mención aparte. 
Festivales y alojamiento
La fiesta de la Virgen del Rosario, en octubre, saca a toda la isla a la calle con procesiones, música de banda y puestos de comida. En febrero, el Carnaval de Mexcaltitán tiñe los canales de colores con desfiles y bailes. El hospedaje es modesto —posadas familiares y pequeños hoteles cerca del centro— pero suficiente para una o dos noches, que es lo que la isla pide.
Consejos prácticos
- Reserva hospedaje con anticipación en temporada alta (octubre, Semana Santa, Carnaval).
- Lleva calzado que pueda mojarse. En serio.
- Protector solar y sombrero: los paseos en lancha no tienen sombra.
- El camarón local es el protagonista. Pregunta qué trajo la pesca del día y pide eso.
En síntesis, Mexcaltitán no es para quien busca lujo ni para quien tiene prisa. Es para quien quiere ver una isla que todavía se inunda, donde se come camarón recién sacado del agua y donde la leyenda de Aztlán se respira —literalmente— entre los manglares. 

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